Antecedentes: 1992 a 1996
En los discos precedentes a Libertinaje, la banda liderada entonces por Gustavo Cordera ya tenía creaciones que criticaban el clima de época y al gobierno neoliberal. En Como nada puedo hacer (del álbum “Y punto” de 1992) la voz del narrador es de un músico que desde el 2005 recuerda que logró salir de la pobreza en la que vivía en los 90 cambiando sus letras, pero que en una vuelta al barrio ve que la miseria sigue intacta y entonces decide hacer canciones de protesta. En Diez mil, del mismo álbum, muestran la historia de un personaje de las finanzas (que hoy podríamos llamar “trader”) para el cual todo se puede comprar y vender:
Compro dólares, compro bonex,
voy a tasa, pagan más,
vence el plazo, voy a bolsa,
cambio acciones por cheques falsos,
he comprado algunos órganos,
pago en merca para ganar,
vendo la sangre de mi abuelita,
y no se acepta Argencard.
Vean qué linda mujer que ésta, che,
póngale precio a mi mamá
Finalmente, en Si amanece (“Asquerosa alegría”, 1993) se apunta de manera más directa a la figura del entonces presidente Menem, imaginando la finalización de su gobierno.
Pero el menemismo, en los primeros años de la banda, atravesaba su etapa de éxito con el plan de estabilización de la economía y baja de la inflación. Las consecuencias de dicho plan todavía no eran muy claras y por ende no se avizoraban signos claros de desgaste.
El libertinaje aparece como consecuencia de ese llamado al ejercicio de una libertad que pretende ser moderada y encauzada a lo económico: es la expansión de la libertad más allá de los confines deseados por el poder.
Quizás por esto, y por tratarse de músicos que atravesaron la adolescencia en épocas de dictadura, concentraron la otra mitad de su crítica a los resabios aún latentes de una sociedad reprimida. Espíritu de esta selva del disco “Don Leopardo” (1996), donde el escape a la opresión se da por vía del exceso, comienza así:
Que los deseos salgan,
estado de sitio del cuerpo y el alma,
y los que callan griten
con voces que asustan, con brotes de rabia
que los que temen, bailen
con risas de niño, con vodka y tambor
esquivando amenazas
tremendo ladridos de los perros de Dios
En cambio, en Venganza de los muertos pobres (afro) de “Y punto” (1992) es el baile el que logra el exorcismo de aquellos mandatos vinculados al orden, que sintetizan en la primera estrofa:
Prócer el que mata
Santo el que no goza
Macho el que no siente
Marica el que llora
Discreto el que no se ríe
Decente el que no baila
Y es bueno el que obedece
Obedecí y me fui a la cama
1998
Libertinaje es el cuarto álbum de la banda y está conformado por canciones que no tienen un vínculo directo entre sí y siendo muy pocas las que tienen un contenido político. Sin embargo, logra ser un disco con concepto, explicitado en una frase en el arte del álbum: «La libertad es solo un mandato lícito, y encuentra en el libertinaje su liberación».
Si bien la banda ya había incorporado géneros externos al rock, su órbita de influencia musical no iba más allá de la región rioplatense. Es por ello que una de las liberaciones de la banda es poder desprenderse de los mandatos del rock nacional-porteño, introduciendo géneros como la cumbia y el chamamé. Es por ello que el libertinaje es, en principio, musical.
Pero el concepto desborda lo musical. Porque si antes la opresión estaba vinculada a los resabios y/o consecuencias de una sociedad reprimida, ahora de lo que había que liberarse era de los preceptos de la libertad impuestas por el neoliberalismo. Asimismo, el libertinaje aparece como consecuencia de ese llamado al ejercicio de una libertad que pretende ser moderada y encauzada a lo económico: es la expansión de la libertad más allá de los confines deseados por el poder.
La bandera de la emancipación de restricciones al ejercicio del comercio está condenada a generar situaciones donde los individuos no reconozcan límites de ningún tipo: el arte del disco realizada por Salvador Batalla y Eduardo Pereyra sugiere un banquete hedonista cuyo menú está conformado por mujeres y niños.


Se enlazan entonces las dos líneas mediante las cuales Bersuit afrontaba sus críticas sociales y políticas: de un lado, la Argentina menemista y, del otro, la represión. Porque ahora son las consecuencias de esa misma libertad económica las que vejan a los individuos y su entorno. Lo que somete las conciencias es ahora el mandato de una maximización del propio interés que, por otra parte, no puede ser materializado.
El homo economicus condicionado por los contornos del uso de la razón, del derecho y de las posibilidades brindadas por la misma política económica, huye por vía del ejercicio de una libertad que transgrede las leyes movilizada por el placer del aquí y ahora. La libertad tiene horizonte, el libertinaje vive el día sin pensar en las consecuencias.
VELC
Javier Milei ya desconcertaba en su campaña electoral por las canciones que conformaban el repertorio de sus actos: obras creadas en el contexto de la Argentina de la convertibilidad y surgidas como críticas a ella. “Panic show” de La Renga es una. La otra, “Se viene” de Bersuit.
Nuevamente, nos encontramos ante un gobierno que se erigió bajo el precepto de la libertad como fin supremo, pero con el diferencial de una violencia desmesurada que no tuvo un político profesional como Menem.
Es la violencia de esa imposición libertariana la que propició que la herencia que dejó el disco apareciera de varias formas, más de 25 años después. El fantasma del corralito y de la explosión social del 2001 sobrevuela las conciencias de los argentinos, pero la forma que se ha encontrado para nombrarlo es el “se viene”, título de la canción con la cual Bersuit anticipara tres años antes el estallido. Así, hoy en Twitter (me resigno a llamarle “X”) hay un parteaguas entre los “gordos se viene” y los “gordos no pasa nada”. Incluso en el programa de Tomas Rebord cuentan con un “sevienómetro”, el cual se adelanta o se atrasa según los sucesos de la coyuntura política.

En el 2024 Dillom reversionaba en vivo “Señor Cobranza”. Es sabido: la canción es de Las Manos de Filippi, pero la versión que se populariza es de Bersuit. Quien conoce ambas sabe que lo que hizo el jóven artista en el Cosquín Rock fue una reversión de la versión de Bersuit. Lo que generó polémica fue la introducción de la frase “A Caputo en la plaza lo tienen que matar”. El abogado Jorge Monastersky, una especie de ángel protector del Ministro, lo denunció por incitación a la violencia. La Justicia desestimó la denuncia amparándose en el derecho a la libertad de expresión.
Otro punto que, aunque difícilmente se trate de una influencia, sí es una correspondencia a considerar: el uso del término “mandriles” que venía utilizando el gobierno libertario para referirse a todo aquel que criticara sus políticas coincide con la analogía que hiciera Bersuit en su canción “C.S.M.” para criticar al gobierno de Menem, al cual bautiza “Comando culo mandril”, pero siendo los mandriles las víctimas de la política económica.
Hace unas semanas hubo otro caso de libertad contra la libertad: el episodio de la caravana de campaña de ALLA en Lomas de Zamora previa a las elecciones bonaerenses. Allí el libertinaje se materializó en forma de brócolis utilizados como proyectiles contra la figura presidencial y símbolo de la libertad. El evento fue rápidamente suspendido, dejando varias imágenes icónicas como la protección del presidente y su hermana con una precaria valija de la Policía Federal Argentina o Espert huyendo de la escena arriba de una moto y sin casco.
Pero también es cierto que voló alguna que otra piedra. Es que uno de los problemas del gobierno de LLA es que el ajuste económico justificado bajo los principios de la libertad están acompañados de una virulencia para con los caídos en desgracia producto de esa misma política. La violencia iniciada desde los abanderados de la libertad puede derivar nuevamente en un desborde de su interpretación, más aún cuando originariamente se insinuaba hasta con la libertad de comercio de niños y órganos.
En un contexto de desesperación por la escasez de dólares y con el desfile de derrotas electorales y legislativas, el gobierno pretende ahora apaciguar con su discurso mientras hace malabares para conseguir préstamos que le permitan llegar a fines de octubre. Si la crisis se agudiza, aquella frase de cabecera que funciona casi como un grito de guerra y que se abrevia en sus siglas “VLLC” puede mutar en las conciencias de los caídos en desgracia a un “viva el libertinaje, carajo”.